“Il bacio” (El beso). Francesco Hayez

Francesco Hayez (1791-1882), Autorretrato en un grupo de amigos (1824-1827). Óleo sobre lienzo. Museo Poldi Pezzoli, Milán. Italia.

Francesco Hayez (1791-1882), Autorretrato en un grupo de amigos (1824-1827). Óleo sobre lienzo. Museo Poldi Pezzoli, Milán. Italia.

Francesco Hayez (Venecia, 10 de febrero de 1791 – Milán, 21 de diciembre de 1882), Puede decirse que Hayez fue la figura central que marcó la transición del neoclasicismo al romanticismo en Italia, considerado el máximo exponente del romanticismo histórico fue un  pintor que junto con Giuseppe Verdi y Alessandro Manzoni representa un mito dentro del Resurgimiento italiano. Conocido por su pintura de tipo histórico, bíblico o alegórica a hechos políticos o narraciones literarias y figuras de bellas mujeres en actitudes eróticas. Fue discípulo de Magiotto, Matteini y Cánova a cuyo lado estuvo trabajando en Roma hasta 1814.

 

Originario de una familia humilde, el padre, Giovanni era de origen francés, mientras su madre, Chiara Torcella, era natural de Murano. El pequeño Francesco, último de cinco hijos, fue ahijado por una tía materna que había casado con Giovanni Binasco, armador y marchante de arte, propietario de una discreta colección de pintura.

Ya de pequeño mostró predisposición por el diseño, por lo que su tío lo confió a un restaurador para que le enseñase el oficio. Posteriormente fue discípulo del pintor Francisco Magiotto, con quien permaneció durante tres años. Hizo el primer curso de desnudo en 1803 y en 1806 fue admitido a los cursos de pintura de la Nueva Academia de Bellas Artes, donde fue discípulo de Theodore Matteini.

En 1809 ganó un concurso de la Academia de Venecia para ser alumno de la Academia de San Luca cerca de Roma. Por ello se trasladó a la capital, donde pasó a ser discípulo de Canova quien fue su guía y protector durante los años romanos.

En el 1814 se marchó de Roma tras una agresión, al parecer por una relación sentimental. Fue a vivir a Nápoles donde le fue encargada por Joachim Murat la pintura Ulisse en la corte de Alcinoo.

Desde 1850 dirigió la Academia de Bellas Artes de Brera en Milán.

Francesco Hayez, “Il bacio” (El Beso), 1859, Óleo sobre lienzo, 112x90cm. Pinacoteca di Brera, Milán.

Francesco Hayez, “Il bacio” (El Beso), 1859, Óleo sobre lienzo, 112x90cm. Pinacoteca di Brera, Milán.

Il Bacio, fue un encargo de Alfonso Maria Visconti de Saliceto, quien antes de su muerte, en 1886, lo donó a la Pinacoteca de Brera de la Academia, donde todavía se conserva y expone.

Además de esta pintura, el artista creó tres réplicas de la misma materia, de las cuales dos versiones se encuentran en colecciones privadas, una de ellas a los herederos de la hermana de la modelo del cuadro, Carolina Zucchi,  en esta versión que regaló a Carolina Zuchi, Hayet sustituye el blanco encaje de la manga de la mujer por una túnica o velo blanco tirada a los pies de ambos y en la última versión, pintada en 1861 la mujer ya no lleva un traje azul sino blanco como dando a entender que la Italia unificada ya no necesitaba a Francia para continuar su construcción como una nueva nación.

 

Componente Histórico:

La pintura se convirtió inmediatamente popular desde su presentación en Brera el 9 de septiembre de 1859, tres meses después de la entrada triunfal en Milan de Vittorio Emanuele II y Napoleón III, los aliados victoriosos contra el Imperio austriaco. Es la primera descripción que Francesco Hayez dio sobre el tema de la Unificación, un verdadero presagio de crecimiento para la joven nación – este es el significado del subtítulo el beso anhelo de los dos jóvenes alusión a la alianza entre Italia y Francia durante las guerras de independencia.

El abrazo entre las dos naciones dieron a luz a la nueva Italia, y los colores de los vestidos de los dos amantes, producidos con gran carácter matérico, recuerdan las de las dos banderas nacionales (el manto blanco, medias rojas, un sombrero verde y la solapa de la chaqueta y, finalmente, el azul del vestido de la mujer). La intensidad emocional de la escena se hace más fuerte por la sombra inquietante que aparece en las escaleras en el lado izquierdo, de gran alcance que sugiere una sensación de peligro, tal vez la expresión de la preocupación de Hayez y sus contemporáneos sobre la consecución del sueño Risorgimento.

La obra:

Detalle (1)

Detalle (1)

Independientemente del aspecto histórico que pueda representar esta obra, las razones del éxito de esta obra, reside no sólo en la excelente calidad de ejecución, su impecable y hábil técnica pictórica – la mezcla entre teatralidad y naturalidad- sino también en el carácter universal de la materia (la fuerza del amor) y en la capacidad para personificar los ideales de Mazzini.

En este contexto, lo que inmediatamente impresiona al observador es la enorme sensualidad que viene del abrazo de dos amantes.

Este vínculo es tan fuerte que para eliminar cualquier conflicto, como el frío azul de la vestimenta de la mujer y el color del hombre vestido de caliente (que tiene las piernas colocadas a fin de satisfacer la inclinación sensual del cuerpo de la mujer). El hombre, besando a su amada, se basa en la pierna en el paso; ¿es el beso de la pareja justo antes de que estos se abandonen completamente a la pasión del momento? O se trata de una despedida, esa doble visión, es un atractivo más para el espectador, pues,  puede comunicar igual una despedida que un encuentro.  El hombre y la mujer se besan en secreto, como si estuvieran en un lugar prohibido: la mano de la mujer acusa la pasión, mientras que el hombre acaricia con suavidad su rostro. La poética sombra de la derecha dirige nuestra atención hacía el largo de su sensual falda de seda drapeada  de impecable factura.

El Beso de Francesco Hayez es un beso arriesgado, vacilante entre el placer y el miedo, climático, deseado, sensual… La genialidad de Hayez está en lograr transmitirnos ese sentimiento de urgencia, peligro, clímax en una pintura, casi a la manera de una fotografía. El espectador reconoce un beso robado, por haberlo vivido o por haberlo soñado. Sin duda, este Beso puede considerarse como uno de los más intensos de la historia del arte occidental.

Detalle (2)

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