Harry Wilson Watrous (Un referente de la moda del siglo XX)

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Harry Wilson Watrous (American, 1857-1940). Sólo un par de chicas, 1915. Óleo sobre lienzo, (107 x 132,1 cm). Museo de Brooklyn.

Watrous nació en San Francisco en 1857 y pasó su infancia en Nueva York, donde recibió sus primeras lecciones de dibujo. Después de permanecer en California en 1881, viajó a través de Marruecos y el sur de España, donde permaneció por un tiempo en Málaga. Luego se trasladó a París y estudió en la Académie Julian. Sus primeros trabajos fueron fuertemente influenciados por Jean-Louis-Ernest Meissonier. Allí conoció el incipiente mundo de la moda que luchaba por abandonar la condición de artesanía para pasar a incluirse a la categoría de arte, lucha que aún hoy posee reticencias.

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Harry W. Watrous (1857-1940), El paso del verano, 1912. Óleo sobre lienzo, 91,9 x 76,2 cm. Museo Metropolitano de Nueva York. Cuando el Museo Metropolitano adquirió esta pintura, el artista explicó que en el otoño de 1911 se encontró con esta mujer mujer sentada sola en una mesa de un restaurante francés. Watrous le preguntó: “Esperando al príncipe azul?” Su respuesta fue parca y melancólica: “No, ya pasó del verano.” Esta obra alude así a la fugacidad de la juventud y la belleza y la pérdida de oportunidades.

La pintura de Watrous pasó por distintos periodos, condicionado por su pérdida de vista (Como otros grandes pintores) murió en la ceguera; pintando desde un estilo académico sofisticado, hasta llegar a grandes bocetos con atisbos y señales inequívocas de un modernismo importado de Europa. El simplicismo de sus retratos (Bocetos que podrían ser perfectos patrones de la moda del París de la Primera Posguerra) lo llevan a un sintetismo modernista y simplificador, especialmente en su modelo de mujer, que triunfó de manera inesperada especialmente entre los/las “gurus” del mundo de la moda que se encontraron con un modelo femenino perfectamente adaptable a los nuevos tiempos de la modernidad surgida, como hemos dicho, tras la primera posguerra. En las claves de su Modernismo, encontramos en sus obras  de género una gran atención a los trajes y los interiores, a la línea, al contorno acompañados de un cierto simbolismo, aves, cajas de música, insectos.

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Harry Wilson Watrous (1857-1940), Sofisticación, 1908. Óleo sobre lienzo, 28 1/4 x 24 ¼ (Pulgadas). Sala de Haggin. El sombrero de plumas complementa su fina silueta, al igual que la silla elegante, mientras que las pinturas casi primitivas en la pared detrás de ella actúan como una lámina ingeniosa. Esta mujer fatal fresca es la forma de realización de la ociosidad de la clase alta que se describe de manera tan elocuente en las novelas de Edith Wharton. Ella se sienta tranquilamente fumando un cigarrillo y esperando a quien sabe nadie. El título que Watrous dio a esta pintura para su exhibición en la Academia de Diseño de la Nación en 1908 – Una taza de té, un cigarrillo, y Ella – parece implicar la presencia de un admirador masculino invisible. Esto es, por supuesto, una paráfrasis inteligente y moderna de las famosas líneas del Rubaiyat de Omar Khayyam, “un jarro de vino, una barra de pan -. Y tú” Esta pintura está tan implicada de Modernismo como Watrous se atrevió a ser. Las serpenteantes líneas modernistas de la figura, el sombrero, y una silla son recordatorios inevitables de los diseños de carteles de su antiguo compañero de clase, Toulouse-Lautrec, especialmente su Divan Japonais de 1892. Mientras Watrous acepta algunos de los principios de diseño de inspiración japonesa, que los llevó y adaptó a sus propias técnicas más académicas. Su método de trabajo también ayuda a explicar el sorprendente resultado. En lugar de comenzar con un dibujo de la vida de un modelo, que sería un simple dibujo de la figura, evidentemente, para trabajar fuera de la composición. Él tendría que plantear su modelo de acuerdo a su dibujo.

En 1904 ganó una medalla de oro en la Feria Mundial de San Luis. De 1905 a 1918, y se  especializa y ubica en el estilo Modernista definitivamente; retratos casi simplistas que se harían famosos en la incipiente industria de la moda parisina. Entre 1918 y 1923 cambió su enfoque e hizo algunos paisajes, con gran atención a los contrastes de luz y la composición. Después de 1923, se concentra principalmente en la pintura de bodegones con objetos decorativos, a menudo de la antigüedad y de su extraordinaria colección privada de objetos que recogió a lo largo de sus viajes. En toda su temática, cabe destacar, sin embargo, que siempre se mantuvo fiel a su estilo preciso, pulido, academicista, con un fuerte énfasis en la simplicidad, en lo clásico.

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Harry Wilson Watrous (1857–1940), Confidencias, 1900. Óleo sobre lienzo.

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Harry Wilson Watrous (1857–1940), El jarrón roto, 1900. Óleo sobre lienzo.

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Harry Wilson Watrous (1857–1940), The Dregs. 1900. Óleo sobre lienzo.

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Después de su muerte (Nueva York 1940) Watrous fue ignorado por la crítica, pero al final del siglo XX, el interés en su trabajo (mundo de la moda) toma de nuevo un interés inusitado, un nuevo renacer de su oba. Aunque su pintura pasó entre la crítica -como acabamos de decir- carente de valor intrínseco, a finales del siglo XX volvió a valorarse pues algunos de sus lienzos sirvieron de presentación de desfiles de modelos de una casa de alta costura de Paris, lo que de inmediato suscitó el interés por las obras, que, dada la baja producción y escasez de su obra, se revalorizaron inmediatamente. Su obra se puede ver entre otros en el Museo de Brooklyn, el Museo de la Academia Nacional de Diseño y el Museo Metropolitano de Arte en Nueva York.

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Portada de American Vogue 2009, inspirada en un boceto de Watrous.

Comillas y el Modernismo: El Capricho de Gaudí.

Gaudí fotografiado por Pablo Audouard (1878).

Gaudí fotografiado por Pablo Audouard (1878). (Nota: Hacer click en las imágenes, es una opción)

Atardecer en Comillas.

Atardecer en Comillas.

Una figura que se hace imprescindible para dar significado a este título es, sin duda alguna, el Marqués de Comillas.

A López y López también conocido como El Negro Domingo, es una escultura creada en 1884 por varios artistas destacados como Rossend Nobas, Joan Roig i Solé, Francesc Pagès i Serratosa, Lluís Puiggener y Venanci Vallmitjana i Barbany. Está situada en Barcelona, España. Nota: En 2014, la asociación SOS Racisme Catalunya, sugirió cambiar el nombre de la Plaza de Antonio López, en Barcelona, por el de Nelson Mandela, aludiendo a supuestos vínculos de López con la esclavitud.

A López y López también conocido como El Negro Domingo, es una escultura creada en 1884 por varios artistas destacados como Rossend Nobas, Joan Roig i Solé, Francesc Pagès i Serratosa, Lluís Puiggener y Venanci Vallmitjana i Barbany. Está situada en Barcelona, España.
Nota: En 2014, la asociación SOS Racisme Catalunya, sugirió cambiar el nombre de la Plaza de Antonio López, en Barcelona, por el de Nelson Mandela, aludiendo a supuestos vínculos de López con la esclavitud.

Antonio López, nacido en Comillas en 1817 e hijo de una familia de hidalgos empobrecidos, hizo fortuna en Cuba y se estableció definitivamente en Barcelona en 1853, donde consolidó y amplió su imperio mercantil y financiero, convirtiéndose en uno de los hombres más ricos de España. Asimismo fue uno de los personajes clave del Grupo Catalán que promovió la Restauración monárquica en España en 1874. Todo ello facilitó que Alfonso XII creara el título de Marqués de Comillas para él en 1878 y tres años más tarde lo nombrara Grande de España.

En ese mismo año, 1881, invitada por Antonio López, la familia real veraneará en Comillas y desde ese año hasta 1900, siempre bajo el mecenazgo y tutela del marqués, surgirán en la villa un conjunto de obras que, según María del Mar Arnús, preludian, en cierto modo, lo que más tarde se llamaría el movimiento modernista y que convirtieron a Comillas durante dos décadas (tal fue el desembarco de arquitectos, escultores, pintores y artesanos catalanes llamados por el marqués) en un apéndice de Barcelona.

Para empezar, Joan Martorell (uno de los maestros de Gaudí y al que recomendaría para que dirigiera las obras de la Sagrada Familia), quien realizó para el marqués la Capilla-Panteón (1878-1881), el Palacio de Sobrellano (1878-1889) y el Seminario de los jesuitas (Actual Universidad Pontificia) (1882-1892); y Oriol Mestres, que realizó La Portilla (1871), residencia de las infantas en Comillas.

Palacio de Sobrellano; Arquitecto: Joan Martorell (Maestro de Gaudí). (1878-1889)

Palacio de Sobrellano; Arquitecto: Joan Martorell (Maestro de Gaudí). (1878-1889)

Actual Universidad Pontificia de Comillas

Actual Universidad Pontificia de Comillas

Interior de la antigua Universidad Pontificia.

Interior de la antigua Universidad Pontificia.

Interior de la antigua Universidad Pontificia.

Interior de la antigua Universidad Pontificia.

Interior de la antigua Universidad Pontificia.

Interior de la antigua Universidad Pontificia.

Estos dos arquitectos designaron como ayudantes y colaboradores a dos jóvenes promesas y compañeros de curso: Cristóbal Cascante y Antoni Gaudí.

Gaudí diseñó tres construcciones para Comillas: un Kiosco (1881), seguramente con funciones de “Fumador” y hoy desaparecido, El Capricho (1883-1885) como villa de recreo para Máximo Díaz de Quijano, concuñado del marqués, y La Puerta de los Pájaros (1900), una portilla para coches en la que, sobre la de los peatones, realizó un agujero para que, poéticamente, entrasen los pájaros, y que supone a nivel estilístico el paso a la época de madurez del arquitecto.

Kiosko del fumador, Comillas; Hoy desaparecido.

Kiosko del fumador, Comillas; Hoy desaparecido.

Puerta de los pájaros, Gaudí. Comillas.

Puerta de los pájaros, Gaudí. Comillas.

Puerta de los pájaros, Gaudí. Comillas. Leyenda: Dicen que Gaudí, en sus paseos por la playa ( se supone que no en Comillas, pues se dice que sólo la visitó una vez y de paso), observaba cómo se cruzaban las aves en sus vuelos y fue entonces cuando con su bastón comenzó a hacer dibujos en la arena, creando bocetos de lo que sería la Puerta de los Pájaros.

Puerta de los pájaros, Gaudí. Comillas.
Leyenda: Dicen que Gaudí, en sus paseos por la playa ( se supone que no en Comillas, pues se dice que sólo la visitó una vez y de paso), observaba cómo se cruzaban las aves en sus vuelos y fue entonces cuando con su bastón comenzó a hacer dibujos en la arena, creando bocetos de lo que sería la Puerta de los Pájaros.

En 1900 se acuerda la construcción de esta portilla perteneciente a la Casa de Moro, as superficies onduladas, las esquinas redondeadas, los volúmenes curvos de esta puerta serán un punto de referencia en la ruptura lingüística del arquitecto, quien se abre aquí a la modernidad.

La construcción de esta puerta se realizó a partir de desechos de piedra que se destruyen y se recomponen como hicieran más tarde los pintores cubistas con los objetos cotidianos y que se había utilizado desde siempre en la construcción de muretes (Mampostería), Gaudí lo magnifica y lo manipula para darle una nueva utilidad, llena de fantasía y rigor. En ella, Gaudí huye de las aristas, dando forma redondeada a sus esquinas y volúmenes ondulados.

Tiene tres vanos, el mayor para coches, el mediano para personas y el pequeño, circular y situado en la zona superior derecha, sería para los pájaros -de ahí su segundo nombre, “puerta de los pájaros.

Cristóbal Cascante, además de dirigir a pie de obra los proyectos de Martorell, Mestres o Gaudí, diseñó el Hospital (1885-1888), numerosas y notables construcciones efímeras para las visitas reales (pabellones de baño, arcos de triunfo…) y el Monumento al Marqués de Comillas (1890) junto a Lluís Domènech i Montaner.

Hospital (1885-1888) (Asilo), Cristóbal Cascante junto a Lluís Domènech i Montaner.

Hospital (1885-1888) (Asilo), Cristóbal Cascante junto a Lluís Domènech i Montaner.

Hospital (1885-1888) (Asilo), Cristóbal Cascante junto a Lluís Domènech i Montaner.

Hospital (1885-1888) (Asilo), Cristóbal Cascante junto a Lluís Domènech i Montaner.  El edificio del Santo Hospital de Comillas, actualmente dedicado a residencia de personas mayores y conocido por el nombre de Asilo Hospital de Comillas, se encuentra cerca del centro del núcleo de población de la villa, a doscientos metros del Ayuntamiento Nuevo y del Corro Campios. El edificio fue mandado construir por D. Claudio López y López, hermano del Primer Marqués de Comillas, para el cuidado de enfermos y personas mayores, que eran atendidos anteriormente en el Hospital de Santa Cruz, en cuyo solar se construyó el edificio que actualmente se conoce como el Ayuntamiento Nuevo. El diseño corrió a cargo del arquitecto D. Cristóbal Cascante i Colom junto a Lluís Domènech i Montaner y realizada la construcción entre 1885-1888 en estilo modernista. Diversas reformas posteriores cambiaron su aspecto original, diferente en parte al que presenta hoy en día.

Monumento al Marqués de Comillas, (1890). Cristóbal Cascante junto a Lluís Domènech i Montaner.

Monumento al Marqués de Comillas, (1890). Cristóbal Cascante junto a Lluís Domènech i Montaner.

Monumento al Marqués de Comillas, (1890). Cristóbal Cascante junto a Lluís Domènech i Montaner.

Monumento al Marqués de Comillas, (1890). Cristóbal Cascante junto a Lluís Domènech i Montaner.

Este arquitecto, el último en “desembarcar” en Comillas, se encargó de la reforma del Seminario diseñado por Martorell, en el que ensayó soluciones arquitectónicas que después aplicaría en el Palau de la Música de Barcelona, de la reforma del Cementerio de Comillas (1893) o de la construcción de la Fuente de los Tres Caños (1899). Además, junto a los mejores escultores del modernismo catalán diseñó las puertas de la iglesia del Seminario (1889-1892), con Esusebi Arnau, o levantó mausoleos, el de la familia Piélago (1893), con Josep Llimona. De éste último destacan también las esculturas La Resignación, La Plegaria y La Asunción (1903) para el Mausoleo a la memoria de Claudio López (el hermano del marqués) y su mujer, Benita Díaz de Quijano.

Otros notables escultores que dejaron obra en Comillas fueron los hermanos Vallmitjana, Venanci y Agapit, quienes, para el Mausoleo de Antonio López Bru (hijo mayor del marqués, fallecido a los 24 años), realizaron Antonio López Bru, Venanci, y Cristo yacente, Agapit.

Palau de la Música Catalana. Arquitecto: Lluís Domènech i Montaner. Escultor: Miquel Blay. Barcelona

Palau de la Música Catalana. Arquitecto: Lluís Domènech i Montaner. Escultor: Miquel Blay. Barcelona

Cementerio de Comillas.

Cementerio de Comillas.

Cementerio de Comillas.

Cementerio de Comillas.

Ángel Guardián, escultura de Josep Llimona. Estilo modernista, hacia 1894-1895. Se alza sobre las ruinas de una antigua iglesia gótica en el cementerio de Comillas.

Ángel Guardián, escultura de Josep Llimona. Estilo modernista, hacia 1894-1895. Se alza sobre las ruinas de una antigua iglesia gótica en el cementerio de Comillas.

Ángel Guardián, escultura de Josep Llimona.

Ángel Guardián, escultura de Josep Llimona.

Cementerio de Comillas, España; estatua del Ángel Guardián de Joseph Llimona

Cementerio de Comillas, España; estatua del Ángel Guardián de Joseph Llimona

Fuente de los Tres Caños (1899).

Fuente de los Tres Caños (1899).

Fuente de los Tres Caños (1899) La Fuente de los Tres Caños es levantada en la plaza con el mismo nombre y proyectada por Lluís Domènech i Montaner en homenaje a Joaquín de Piélago, hijo político del marqués de Comillas, por conseguir la traída de aguas a la villa.  El conjunto escultórico, que destaca por sus motivos vegetales -especialmente las cenefas florales- y figuraciones de ángeles, plantea una columna central sobre una base tripartita y una fuente en cada uno de los tres lados. Otros motivos ornamentales son un delfín enroscado, que supone el tema central, una cruz patada con botones en sus extremos, y textos de agradecimiento.

Fuente de los Tres Caños (1899)
La Fuente de los Tres Caños es levantada en la plaza con el mismo nombre y proyectada por Lluís Domènech i Montaner en homenaje a Joaquín de Piélago, hijo político del marqués de Comillas, por conseguir la traída de aguas a la villa.
El conjunto escultórico, que destaca por sus motivos vegetales -especialmente las cenefas florales- y figuraciones de ángeles, plantea una columna central sobre una base tripartita y una fuente en cada uno de los tres lados. Otros motivos ornamentales son un delfín enroscado, que supone el tema central, una cruz patada con botones en sus extremos, y textos de agradecimiento.

El Panteón de Don Claudio López y López y Doña Benita Díaz de Quijano (1881) Constituye un destacado ejemplo de la escultura catalana modernista en Cantabria. Las esculturas de la “Plegaria” y la “Resignación” denotan la influencia del estilo Rodin y parece relacionarse con la luz y la atmósfera que las envuelve; los tres fueron realizados por destacados escultores catalanes modernistas como Jose LLimona y Barbany y Agapito Vallmitjana.

El Panteón de Don Claudio López y López y Doña Benita Díaz de Quijano (1881) Constituye un destacado ejemplo de la escultura catalana modernista en Cantabria. Las esculturas de la “Plegaria” y la “Resignación” denotan la influencia del estilo Rodin y parece relacionarse con la luz y la atmósfera que las envuelve; los tres fueron realizados por destacados escultores catalanes modernistas como Jose LLimona y Barbany y Agapito Vallmitjana.

En suma, cuando a principios de 1881 llegaron de Barcelona veintidós vagones de tren, cargados de mercancía para los preparativos de la recepción real y con más de trescientos operarios, Comillas entró en la historia de los movimientos artísticos europeos anticipando a menudo muchas de las características que se desarrollarán después en torno al llamado Art Nouveau.

El Capricho de Gaudí:

El Capricho de Gaudí es una obra icónica del “modernismo” diseñada por el genial arquitecto Antoni Gaudí i Cornet (1852 – 1926). Se trata además del edificio más antiguo construido por Gaudí y una de sus tres únicas obras fuera de Cataluña.

La importancia del Capricho (y de la Casa Vicens) es que son los primeros edificios de Gaudí y, por consiguiente, obras importantísimas para el devenir de la carrera del arquitecto y esenciales para el estudio de la trayectoria del conjunto de su obra y definitorias del estilo de su primera época, que se distingue, como señala L. E. Cirlot, por la influencia mudéjar, por la alternancia entre esta sugestión orientalista y el medievalismo, y por la aparición progresiva y creciente de los elementos que corresponden a la época de madurez de Gaudí.

El Capricho (1883-1885) de Antonio Gaudí, en Comillas (Cantabria, España)

El Capricho (1883-1885) de Antonio Gaudí, en Comillas (Cantabria, España)

Casa Vicens, de Antoni Gaudí (Barcelona)

Casa Vicens, de Antoni Gaudí (Barcelona)

Antes de que el siglo XIX acabase, algunos arquitectos realizarían una destacada labor con un carácter propio. Esta labor adquiere más relevancia por encuadrarse aún en una época en la que los historicismos y las arquitecturas de rango ecléctico protagonizan el panorama arquitectónico. Personajes como Gaudí o Domènech i Montaner se pueden comprender en su justa medida enclavándolos en sus propias circunstancias espacio- temporales.

Retrato oficial de Lluís Domènech i Montaner de la época en la que estaba construyendo el Hospital de San Pablo (Barcelona).

Retrato oficial de Lluís Domènech i Montaner de la época en la que estaba construyendo el Hospital de San Pablo (Barcelona).

Retrato de Antoni Gaudí (1878)

Retrato de Antoni Gaudí (1878)

Ambos arquitectos de origen catalán pertenecen a la generación de 1850 y han recibido una formación análoga a manos de la figura significativa de Elías Rogent en la Escuela de Arquitectura de Barcelona. Domènech  se calificaría de autor ecléctico cinco años después de obtener su título, en 1878. En ese mismo año terminaría Gaudí su carrera. Por entonces ni siguiera se hablaba de modernismo. Así que si el paso del tiempo ha atribuido el calificativo de modernista a estos autores, se trata de una apreciación elaborada a posteriori. En la Barcelona de entonces ni siquiera se había llegado a la gran explosión ecléctica. Faltarían diez años aún para que se produjera la muestra más sorprendente del eclecticismo barcelonés, la Exposición Universal de 1888, dirigida precisamente por Elías Rogent.

De este modo, si hay obras tempranas de Gaudí  que han tenido el calificativo de premodernistas,  se trata de una cuestión terminológica que manifiesta la ignorancia de una circunstancia fundamental: precisamente en aquel tiempo las obras más vanguardistas de la arquitectura dentro y fuera de nuestro país eran los proyectos eclécticos no miméticos.  Se trata de obras como la Casa Vicens y  El Capricho, de Gaudí, o construcciones como la Editorial Montaner y Simón de Luis  Domènech (1880). Son obras muy adelantadas, pero todavía no se puede utilizar el calificativo de modernistas para ellas. El modernismo aún no significa nada en estas fechas.

De ahí que la figura de Gaudí deba ser estudiada como un punto y aparte respecto a las líneas creativas que se desarrollan en la arquitectura de la época. Su obra se alimenta de los problemas y las aspiraciones contemporáneas, pero también destaca con especial fuerza, más allá de todo calificativo.

Antes de terminar la carrera ya ejerció su profesión como ayudante de otros arquitectos o maestros de obras. Pero no sólo se centraría en su dimensión arquitectónica; también se ocuparía del diseño de muebles, del urbanismo o la decoración. Fue artesano, arquitecto, escultor y pintor, y gran parte de su éxito  se debe a que integró plenamente las artes en formas que procedían de su estudio de seres de la naturaleza. En efecto, entre las características singulares de Gaudí destaca su personal recuperación de la naturaleza como fuente de inspiración para componer estructuras o decorar formas. De algún modo, el paisaje de Tarragona, un campo seco, pedregoso, plantado de viñas, algarrobos, almendros, olivos y avellanos se encuentra detrás de la configuración de su idea arquitectónica.

A esta utilización de la naturaleza se une una poderosa imaginación, que Gaudí distinguía muy bien de la fantasía. La fantasía se abocaba, según él, a la invención de absurdos o imposibles. Era una capacidad onírica, inconsciente, y bastante apartada de lo que es una arquitectura imaginativa. La imaginación en cambio es más una facultad de ver formas nuevas en nuestras imágenes internas, y de ser capaces de trasladarlas a la construcción de edificios y otras obras de arte. El uso de la imaginación en la obra arquitectónica provoca que en las creaciones de Gaudí, curiosamente, se elaboren proyectos muy cercanos a la realidad. Se trata de una arquitectura de un hombre con los pies en el suelo; las formas libres, verdaderos paraísos de creación que se generan en su cerebro, se trasladan primero a papel y después a ladrillo o piedra pasando por todas las exigencias prácticas que requiere una arquitectura perdurable.

GAUDÍ Y LAS TENDENCIAS ORIENTALIZANTES.

La primera obra que Gaudí realiza es la que construye para el ceramista Manuel Vicens. La barcelonesa Casa Vicens, comenzada en 1883, revela los principios en los que Gaudí se había movido en la Escuela de Arquitectura. El estilo indefinible de esta construcción resulta de la aplicación de una impronta libertaria y fantasiosa a partir de una estética árabe y mudéjar. Las formas geométricas de su exterior e interior se basan en el uso del hierro, del ladrillo y la cerámica.

El año en que se comienza la Casa Vicens es el mismo en que se inicia la construcción de Villa Quijano, popularmente conocida como “El Capricho”. Estas dos construcciones, unidas a los pabellones Güell, constituyen la trilogía de edificios orientalizantes del principio de la carrera de Gaudí. Pero mientras los pabellones Güell son construcciones auxiliares y El Capricho es una obra singular destinada al uso de un solterón refinado, Gaudí elaboró la Casa Vicens teniendo presente su utilidad como casa de familia.

Planos

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Partiendo de planos topográficos del terreno, el arquitecto hubo de limitarse a la forma estrecha, alargada y en pendiente del solar. Forzado por dichas características, Gaudí proyectó la casa de forma alargada, estableciendo tres niveles, destinados a un subsuelo para el servicio, una planta noble para la vivienda y un desván. Las tres zonas estaban conectadas mediante un par de escaleras de caracol.

Interiores (1)

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Interiores (2).

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Interiores (3)

Interiores (3)

La construcción de El Capricho, levantado entre 1883 y 1885,  contiene algunos elementos presentes también en la Casa Vicens, como las piezas cerámicas de girasoles. El Capricho no presenta innovaciones estructurales. Su basamento es de piedra de sillería y sus muros de ladrillo, con el añadido cerámico. La cubierta es a dos aguas y su armadura, de madera, como las viguetas de los forjados.

Piezas cerámicas de Girasoles.

Piezas cerámicas de Girasoles. Gaudí distribuyó las habitaciones del Capricho en base a las actividades del día a día, haciendo que, a su vez, siguieran la trayectoria del sol (por ello el símbolo principal de este edificio son los girasoles). La ubicación de cada habitación tiene su razón de ser. Están orientadas según la trayectoria del sol y la actividad que se realiza en esa habitación. Por ejemplo, al dormitorio le da el sol a primera hora de la mañana, al levantarte; al comedor al mediodía; a la sala de juegos por la tarde; etc.

Piezas cerámicas de Girasoles.

Piezas cerámicas de Girasoles.

Piezas cerámicas de Girasoles.

Piezas cerámicas de Girasoles.

El Capricho es un edificio que se ubica en Comillas (Cantabria), inmediatamente detrás del palacio de Sobrellano, que fue construido por Martorell para el Marqués de Comillas. El encargo de El Capricho provenía de Máximo Díaz de Quijano, cuñado del marqués.

El hecho de que se trate de una construcción para un soltero ofrece una distribución particular. En la planta baja el proyecto tenía un salón de gran altura, una sala para recibir, un comedor, y varios dormitorios con cuartos de baño. En el semisótano se distribuían las cocinas y las habitaciones del servicio.

Interior (4). Ventana. Detalle: Máximo Díaz de Quijano fue quien encargó a Gaudí la construcción del Capricho, y como éste era amante de la música, Antonio Gaudí colmó de detalles musicales el edificio. Los amplios ventanales de guillotina emitían notas musicales al accionarse.

Interior (4). Ventana. Detalle: Máximo Díaz de Quijano fue quien encargó a Gaudí la construcción del Capricho, y como éste era amante de la música, Antonio Gaudí colmó de detalles musicales el edificio. Los amplios ventanales de guillotina emitían notas musicales al accionarse.

Interior (5). Otro  ejemplo de musicalidad en las vidrieras del baño podemos ver como un gorrión toca el piano y una abeja la guitarra.

Interior (5). Otro ejemplo de musicalidad en las vidrieras del baño podemos ver como un gorrión toca el piano y una abeja la guitarra.

Interior (6). Hecho Restaurante.

Interior (6). Hecho Restaurante. ¿Barbaridad?

Interior (7)

Interior (7)

Interior (8). Buhardilla.

Interior (8). Buhardilla.

Interior (9).

Interior (9).

Interior (10).

Interior (10).

Interior (11). Algunos otros elementos resultan curiosos para la época, como las ventanas de guillotina, o los balcones-tribunas, atractivos por sus pérgolas de hierro forjado y sus bancos-barandillas.

Interior (11). Algunos otros elementos resultan curiosos para la época, como las ventanas de guillotina, o los balcones-tribunas, atractivos por sus pérgolas de hierro forjado y sus bancos-barandillas.

Interior (12).

Interior (12).

Interior (13)

Interior (13)

Interior (14).

Interior (14).

El nombre por el que se conoce este edificio se debe a las formas exóticas que ostenta. Su aire orientalizante y musulmán se revela no sólo en el minarete que preside la entrada a la casa, un mero capricho decorativo, sino también en la cerámica de girasoles, compuesta en bandas verdes que alternan con ladrillos rojos y amarillos, o en los aparatosos modillones. La torre que preside la entrada está revestida de cerámica verde, alternando las formas lisas con otras con relieves que dibujan hojas y girasoles. El remate del templete con que se corona tiene tal forma geométrica que recuerda una cristalización mineral. La cubierta original era de tejas árabes vidriadas, de color verde, que fueron sustituidas por placas planas de fibrocemento. También era caprichoso el proyecto no realizado de instalar una celosía encima de la cumbrera de la cubierta, en la que se leería el nombre del dueño y de la localidad.

Exteriores (1)

Exteriores (1)

Exteriores (2)

Exteriores (2)

Exteriores (3). El Capricho. Detalle: Una de las terrazas da a un patio exterior, está situada justo encima de dónde antes se ubicaban las cocheras, y por eso hay una herradura dibujada, para indicar el uso que tenía antes.

Exteriores (3). El Capricho. Detalle: Una de las terrazas da a un patio exterior, está situada justo encima de dónde antes se ubicaban las cocheras, y por eso hay una herradura dibujada, para indicar el uso que tenía antes.

Exteriores (4). Detalle de uno de los capiteles.

Exteriores (4). Detalle de uno de los capiteles.

Exteriores (5).

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Exteriores (6).

Exteriores (6).

Exteriores (7).

Exteriores (7).

Junto a la influencia oriental, El Capricho se encuentra también marcado por la lectura de ciertas revistas inglesas (tal vez The Studio) que impresionaron a Gaudí más que otras de origen francés, más habituales en la Barcelona de la época.

Interior (12).

Interior (15).

Pero estas influencias -sobre todo en los motivos ornamentales- no restan validez y originalidad al conjunto edificado, totalmente inédito y diferente a otras obras contemporáneas. Es de agradecer que Gaudí no tomara el camino de repetir soluciones en las obras que simultáneamente estaba realizando.

El arquitecto tuvo muy en cuenta el entorno inmediato de la casa. El conocimiento del clima lluvioso de la zona le hizo prestar atención a los faldones de la cubierta. Tenía planta en forma de U para abrigar del viento del norte un gran invernadero orientado al sur donde el propietario atesoraba las plantas que le traían de ultramar. Estéticamente utilizó como referencia el entorno para crear armonías y contrastes de colores, pasando del verde intenso que aparecía en los castaños y el césped del parque, al intenso amarillo del ladrillo visto y la clara piedra arenisca, que son las masas que determinan el perfil del edificio.

Un MAR desde Comillas.

Un MAR desde Comillas.

Retro Atelier

RetroAtelier - Tutt'Art@ (20)

Retro Atelier es un colectivo con sede en Ucrania, que crea una bellísima fotografía conceptual inspirada en los días pasados. Su colección cuenta con una amplia gama de series de imágenes de inspiración Art Nouveau de estilos únicos que recuerdan los inicios Art Deco, pin-up y el glamour de la fotografía;  “…los estilos de antaño, fotografías de época, la pintura, la cinematografía y nuestro amor por este tipo de arte hicieron el trabajo, nos mudamos de los sueños a las acciones…”
Retro Atelier ha capturado el sueño perfectamente. Crear fotografías de época que no crucen la línea hacia el kitsch no es una tarea fácil. Pero en Retro Atelier, cada fotografía es precisa para el período y el género que intenta recrear. Desde el estilo intrincado, la iluminación y poses para la elección de las modelos, perfectos para cada período de tiempo, estas fotografías podrían ser fácilmente confundidas con auténticas de la época que recrean. La creatividad de este colectivo, RetroAtelier, se inspira en la estética del pasado. Los estilos de los días pasados, fotografías de época, la pintura, la cinematografía…

Les dejo con una muestra de su trabajo.

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