Iglesia y Hospital de la Caridad de Sevilla

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Fachada de la Iglesia de San Jorge del Hospital de la Caridad de Sevilla

Breve Historia

Cuando se le pregunta a un sevillano por La Caridad, en seguida dirá que es una iglesia situada entre la Torre del Oro y La Giralda, otros que un hospital, algunos que una residencia de ancianos… pues sí, pero no, es todo eso y mucho más.

Realmente es una Hermandad, con todo lo que ese nombre lleva implícito en Sevilla, que no es lo mismo que en otros lugares. Este término comprende muchos aspectos, tanto religiosos, como sociales, culturales….

Su nombre “real” es Hermandad de la Santa Caridad, fundada por el noble caballero Miguel de Mañara.

De Hospicio a Hospital.

En la Hermandad de la Santa Caridad Miguel de Mañara empezó ejerciendo el cargo de diputado de entierros y de limosnas, lo cual le dio la oportunidad de apreciar las terribles condiciones de vida de los pobres que morían en la calle. Al año de hacer su prometimiento como hermano, propuso en el cabildo del 9 de diciembre de 1663 un conjunto de ideas para afrontar estas situaciones y recoger por las noches en un local a los pobres que vagaban por las calles de Sevilla. Ello equivalía a formular la creación del hospicio y, aunque tuvo eco la propuesta entre los hermanos, se salía de los fines y recursos de la corporación, por lo que recibió ánimos y estímulos, pero no el beneplácito para que la Hermandad se hiciera cargo de tan importante empresa.

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Estatua de Miguel de Mañara. Fue realizada en bronce en 1902 con el modelo original de la estatua de Mañara del palacio de San Telmo por Antonio Susillo (1857-1896). Jardines de la Caridad, frente al hospital de la Caridad.

Unos días más tarde, en el cabildo de 27 de diciembre de 1663 fue elegido hermano mayor, responsabilidad que desempeñó hasta su muerte. En el tercer cabildo que presidiera como hermano mayor, el 17 de febrero de 1664, planteó de nuevo su idea, ahora ya como algo que saldría adelante con su trabajo y el apoyo de los hermanos. A partir de ese momento creará un hospicio, y más tarde lo transformará en Hospital de la Santa Caridad, construyendo un amplio edificio, al igual que la iglesia anexa.

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Las reales Atarazanas Sevilla. Las Atarazanas de Sevilla fueron construidas en 1252 por mandato del rey Alfonso X, El Sabio. Así reza en la lápida fundacional que aún se conserva en el Hospital de la Caridad. El sentido de estos astilleros consistía en abastecer de galeras y bajeles a la Real Marina de Castilla, creada en Sevilla y que debía contrarrestar las frecuentes invasiones norteafricanas. Su arquitectura respondía a un híbrido gótico mudéjar, con una disposición inicial de 17 naves perpendiculares al río Guadalquivir y una cota de superficie casi a nivel de la lámina de agua para facilitar la entrada y salida de buques.

Los inicios del Hospicio fueron humildes. Con el propósito de salvar de las crudas noches en la calle a tantos pobres que vagaban por Sevilla, arrendó una dependencia de las antiguas atarazanas reales y en ella se dispuso un hogar donde calentarse. Se prestaba servicio solo por las noches y desde el día 14 de septiembre hasta el 23 de abril, recogiéndose allí a un notable número de menesterosos. Posteriormente se ampliaría el concepto de hospicio, con la fundación del Hospital, la construcción de las actuales edificaciones, y la fijación en la regla de la Hermandad de unas pautas por las cuales se obligaban los hermanos a organizar y sostener la asistencia a los desvalidos.

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Mañara abrió las puertas del hospicio para que todas las personas sin techo pudiesen encontrar refugio para pasar la noche en él. Emprendió la creación de un comedor y de un hospital dotado de 50 camas. Para su acción incrementó en más de 500 las personas que ingresaron en la Hermandad y elevó de manera astronómica la recaudación de limosnas entre 1661 y 1679 en un millón de ducados, que fueron gastados en socorro a los pobres y otras obras caritativas.

Las funciones de la Hermandad siguen desempeñándose a día de hoy, siendo curioso el asistir al sepelio de alguno de los residentes, ya que sigue realizándose como siglos atrás, con una caja de madera de pino (tal cual, sin barnizar ni nada), oficiando una misa en la Iglesia y trasladándolo a hombros por los patios del Hospital hasta la puerta, donde el coche fúnebre lo conduce al cementerio. Cuentan que antiguamente eran portados a hombros hasta la calle Torneo donde un carromato ya los acercaba al camposanto.

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Maqueta

Iglesia, Hospital, Patio y Sala de Cabildos

Antes de pasar a la descripción de la Iglesia, nos saltamos la cronología y seguimos reseñando el Hospital, el Patio y la Sala de Cabildos.

En 1670, una vez terminada la iglesia, Miguel de Mañara impulsó la construcción del hospital, completando tres salas. Para su construcción se aprovecharon las naves colindantes de las antiguas atarazanas reales que había mandado edificar el rey Alfonso X, en 1252. ​

El hospital se encontraba destinado a la atención de pobres y vagabundos. En un principio, los miembros de la hermandad consideraron una participación menor en el proyecto con la creación de un hospicio donde pudieran pasar la noche los vagabundos de la ciudad. El hospicio existió durante ocho años, tras los cuales la Hermandad bajo la determinación de Mañara tomó la decisión de ampliarlo y convertirlo en hospital.

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Reales Atarazanas de Sevilla. Naves

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Rincón del Patio

Patio principal

Destaca la brillante solución arquitectónica con la que cuenta el patio principal de este edificio.

De planta rectangular, está rodeado por galería de columnas en tres de sus lados, y aparece dividido en dos patios cuadrados iguales y contiguos a través de un pasadizo superior que se apoya sobre el mismo tipo de columnas de orden toscano.

Sus muros están decorados con grandes paneles de azulejos del siglo XVII y en tonos azules, que representan escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento.

En el centro de cada uno de los dos patios se encuentra una fuente de mármol con grupos escultóricos que representan a la Fe y la Caridad, respectivamente.

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En primer plano la fuente de “La Fe”, al fondo la de “La Caridad”, ambas procedentes de Génova. Edificado sobre unos almacenes de las Atarazanas de Alfonso X el Sabio. Interviene, Leonardo de Figueroa.

Cuenta con tres grandes salas, construidas aprovechando las atarazanas de la época de Alfonso X “El Sabio”.  El Patio de acceso tiene columnas toscanas rematadas por arcos de medio punto, con azulejos holandeses del 1700 representando escenas del Antiguo y Nuevo Testamento.

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Hospital de la Caridad (s.XVII). Patio de Leonardo de Figueroa. Fuente traída de Génova (1682) por el venerable don Miguel de Mañara y Vicente de Leca. Los azulejos proceden del Convento de los Descalzos (Cádiz), holandeses del 1700.

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Detalle con azulejos

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Fuente de la Caridad, procedente de Génova (1682).

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Fuente de la Fe, procedente de Génova (1682).

Patio posterior

Al fondo del patio principal, y en su ángulo derecho, un paso en recodo comunica con un gran patio descubierto de planta irregular y en forma de L, ajardinado con parterres y con una pequeña fuente circular en su primer tramo.

Este primer espacio queda delimitado del siguiente a través de uno de los grandes arcos góticos de ladrillo visto que formaba parte del conjunto estructural de las Atarazanas Reales, quedando visto algún arco más en la pared del fondo.

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Arco Atarazanas Hospital de la Caridad de Sevilla. Columna con busto de Mañara.

El segundo espacio de este patio está presidido por una alta columna central sobre la que se muestra un busto del fundador del hospital, Miguel de Mañara. A su derecha, una escalera junto al gran arco gótico incluye en su base un azulejo conmemorativo donde se explica que su finalidad: “Escalera que comunica directamente la iglesia con los aposentos que ocupó en los postreros años de su vida el venerable señor don Miguel de Mañara, quien la mandó construir para facilitar sus frecuentes visitas al augusto Sacramento del Altar.”

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Detalles (1)

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Detalles (2)

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Detalles (3)

La Iglesia

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Fachada de la Iglesia de San Jorge del Hospital de la Caridad de Sevilla

Leonardo de Figueroa la termina en 1721, por lo que el benefactor y Hermano Mayor de la Hermandad de la Santísima Caridad, don Miguel Mañara (1626-1679) no vería citada terminación.

En 1644, por ruina de la antigua capilla, se decide la construcción de una nueva iglesia según planos de Pedro Sánchez Falconete. Miguel Mañara, elegido como hermano mayor en 1663, se convirtió en el principal impulsor del proyecto y agilizó las obras del templo. Los planos de la Iglesia fueron reformados por iniciativa de propio Mañara y la fachada fue rematada por Leonardo de Figueroa.

La fachada de la Iglesia, obra representativa “cumbre” del barroco sevillano, está decorada con azulejos que representan a sus patronos San Jorge y Santiago y a las tres virtudes teologales, La Fe, La Esperanza y La Caridad.

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Levantada en estilo manierista, se plantea como un gran retablo, a base de tres cuerpos, tres calles y ático. En el centro del cuerpo bajo se abre la puerta de acceso, adintelada y flanqueada por columnas pareadas toscanas entre las que se sitúan hornacinas con frontones curvos con las imágenes de San Hermenegildo y Fernando III el Santo. En el segundo cuerpo se abre un vano adintelado y abalconado enmarcado con pilastras corintias, a cuyos lados están dos paneles de azulejos con los patronos San Jorge y Santiago. Y en el tercer cuerpo se encuentran los paneles que representan a la Caridad en el centro, y a la Fe y la Esperanza a los lados (las tres virtudes teologales, Fe, Esperanza y Caridad -creer en Dios, esperar la salvación y amar al prójimo-).

Termina la fachada con una cornisa que da paso al ático, estructurado mediante un vano adintelado enmarcado con columnas adosadas que sostienen cornisas rectilíneas quebradas.

A un lado de la iglesia se alza la torre, atribuida junto con el ático, a Leonardo de Figueroa. De estilo barroco y planta cuadrangular, se estructura la zona de campanario mediante arcos semicirculares encuadrados con pilastras decoradas con bolas de cerámica, y se cubre con chapitel mixtilíneo rematado por una cruz.

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Fachada Detalle

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Fachada Detalle

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Fachada Detalle

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Fachada Detalle

El interior

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El elemento más importante del hospital, desde el punto de vista artístico, es la iglesia, que debe representar la expresión de toda una época: el barroco pleno de la segunda mitad del XVII. Antes había una vieja capilla dedicada a San Jorge, la cual estaba en estado ruinoso y la hermandad encarga a Pedro Sánchez Falconete (Maestro de obras de la Catedral y el Arzobispado, finalizó la Lonja de la ciudad, actual Archivo de Indias) la construcción de una nueva iglesia. El proyecto inicial fue reformado por Miguel de Mañara, principal impulsor del proyecto, y la fachada la terminó Leonardo de Figueroa.

La iglesia es de una sola nave, cubierta con bóveda de cañón y una pequeña cúpula en el espacio anterior al presbiterio.

La decoración interior de esta Iglesia fue realizada por artistas tan prestigiosos como Murillo, Valdés Leal, Pedro Roldán y Bernardo Simón de Pineda que plasmaron en ella la inspiración de Miguel Mañara.

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Retablo Altar Mayor

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Detalle Altar Mayor

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Detalle Altar Mayor

El Retablo Mayor, realizado entre 1670 y 1675, es obra de Bernardo Simón de Pineda y las esculturas de Pedro Roldán, siendo la policromía de Valdés Leal. En su centro hay un bellísimo grupo escultórico de gran tamaño que representa el Entierro de Cristo. En la parte superior del retablo aparecen representadas la Fe, la Esperanza y la Caridad y en los lados del retablo se encuentran figuras de San Roque y San Jorge, obras también de Pedro Roldán, así como una Virgen de la Caridad. El Retablo es un espacio limitado por cuatro columnas ricamente decoradas que sostienen una cúpula, y en el bajorrelieve del fondo se representa el Monte Calvario. El Retablo, brillante como el oro, atraería las miradas de los fieles y confirmaría visualmente la idea de que cualquier obra de caridad, se haría también con el mismo Cristo, justificándose también la función inicial de la Hermandad: enterrar a los ajusticiados.

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Detalle del Retablo Mayor

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Escena del entierro de Cristo esculpido por Pedro Roldán

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“Pedro Roldán” “Entierro de Cristo” “Hospital de la Caridad” Sevilla (Detalle)

A los pies del templo se encuentras dos de las obras maestras de Valdés Leal y que contienen una profunda meditación sobre la Muerte y los acontecimientos espirituales que la suceden: “Finis gloriae mundi” y “In Ictu Oculi”; en el trascoro, también de Valdés Leal, se encuentra “El triunfo de la Santa Cruz”.

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Finis Gloriae Mundi por Valdés Leal

Valdés Leal amigo de Don Miguel de Mañara, autor del Discurso de la Verdad, tratado ascético donde se describe la muerte con realidad estremecedora. Valdés Leal decide ilustrarlas en el Hospital de la Caridad de Sevilla. Este texto hace referencia al Juicio Final y al valor que en él tendrán las obras de la misericordia. Allí dos grandes alegorías de los fines últimos, macabras alegorías del Barroco más duro que fascinaron a los románticos. Son obras llenas de melodramática teatralidad y con una severa y clara intención moralizante, que contrastan, en el mismo templo, con algunas de las más delicadas obras de Murillo. Se trata de auténticas Vanitas, es decir, bodegones que aluden a la vanidad humana y amonesta sobre la caducidad de los bienes terrenales y la brevedad de la vida terrenal.

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In ictu oculi de Juan de Valdés Leal

Estas dos pinturas del género Vanitas, aluden a la banalidad de la vida terrena ya la universalidad de la muerte, aunque también quedan unidas con el fin primordial de la Hermandad de la Caridad de Sevilla, que fue el de enterrar a los ajusticiados e indigentes de la ciudad.

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Entrada y Coro de la iglesia del Hospital de la Caridad, Sevilla. Pintura: Exaltación de la Santa Cruz, autor Valdés Leal

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Cúpula del crucero.

Estas obras daban paso a un conjunto de cuatro pinturas de Murillo, que fueron robadas, en 1810, durante la Guerra de la Independencia por el Mariscal francés Soult. que posteriormente exhibió orgullosamente en su casa de París. A su muerte, las pinturas fueron vendidas por sus herederos, encontrándose en diversos museos del mundo, la Galería Nacional británica de Londres, la Galería Nacional canadiense de Ottawa, la Galería Nacional estadounidense de Washington y el Hermitage de San Petersburgo.

Estos lienzos fueron sustituidos en un principio por cuatro paisajes con escenas bíblicas de Miguel Luna, que rompían el discurso iconográfico pretendido por Mañara. Desde 2008, se han colocado reproducciones de los cuadros originales de Murillo que hacen conservar el sentido iconográfico del conjunto de la iglesia y los cuadros de Luna se han restituido a la sala de capítulos alta con otros cuatro paisajes de su mano fechados en 1674.

El ciclo de las obras de misericordia de Murillo se continúa con las dos pinturas situadas en lo alto del muro del ante presbiterio, que representan a Moisés haciendo brotar agua de la Roca y la Multiplicación de los panes y los peces.

Otras obras de Murillo en la Iglesia son: “San Juan de Dios transportando un enfermo”, “La Anunciación”, “Santa Isabel de Hungría”, “El Niño Jesús” y “San Juan Bautista Niño”.

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‘Milagro de la multiplicación de los panes y los peces’ tras su restauración por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH).

La composición se divide en dos ámbitos: a la izquierda, al pie de unas rocas que generan efectos de claroscuro, se describe, en primer término, a Cristo en el momento en que multiplicó milagrosamente una pequeña cantidad de panes y peces para dar de comer a una multitud hambrienta que le seguía; está acompañado de sus apóstoles, que muestran actitudes contrastadas ante la posibilidad de que se obre el prodigio. En un segundo plano, a la derecha, se abre un amplio paisaje en lejanía hacia el fondo, en el que se describe a la muchedumbre que espera ser alimentada.

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Moisés golpeando la roca de Horeb. 1666-1670. Óleo sobre tela. 62,8 × 145,1 cm. Hospital de la Caridad, Sevilla. Tras su restauración por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH).

La temática de la obra sigue el argumento del Libro del Éxodo (17-17) del Antiguo Testamento. En esos versículos se narra como Moisés para aplacar la sed del pueblo de Israel, que transitaba por el desierto y que moría de sed, implora la ayuda de Dios, quien le manda golpear la roca de Horeb de donde inmediatamente salta un potente chorro de agua que sacia la sed del pueblo. En la escena se muestra todo un repertorio de gestos, actitudes y reacciones psicológicas, como señala Valdivieso, quien se fija en las diferencias entre los personajes que ya han saciado su sed y los que están a la espera de poder hacerlo. En el centro de la escena Moisés y Aarón agradecen al cielo el milagro, mientras que un niño montado a lomos de un caballo los señala conformándolos como los autores del milagro.

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Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682). San Juan de Dios transportando a un enfermo. Hacia 1672. Óleo sobre lienzo. 325 x 245 cm. Sevilla, iglesia del Hospital de la Santa Caridad.

Esta obra se refiere a la dedicación que los hermanos debían tener con los enfermos de llevarlos al hospital. Describe el momento en el que este santo granadino, que transporta por la noche a un enfermo cargado a sus espaldas, es vencido por el peso y está a punto de caer al suelo, circunstancia que impide un ángel que se le aparece para ayudarle en su misericordiosa tarea.

Es reseñable el admirable contraste de expresiones que se advierte entre la figura del santo, emocionado y sorprendido de la inesperada ayuda celestial, y la imagen del ángel con las alas desplegadas que, amable y desenvuelta, destaca sobre una intensa oscuridad. En el fondo difuminado, una mujer contempla el prodigio desde una ventana.

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Bartolomé Esteban Murillo. Santa Isabel de Hungría cuidando a los tiñosos. Hacia 1672. Óleo sobre lienzo. 325 x 245 cm. Sevilla, iglesia del Hospital de la Santa Caridad.

La segunda obligación de la Hermandad, después de enterrar a los muertos, era atender a los enfermos, curarlos y darles de comer, mandatos que se describen en esta obra.

En el interior de un salón palaciego, la santa lava y cura amablemente las heridas de un grupo de enfermos y mendigos de todas las edades, con la ayuda de dos asistentes. Se produce un armonioso contraste entre la distinguida elegancia de la reina y su séquito de bellas damas, con la expresividad popular y el miserable aspecto de los menesterosos. Destaca la figura de un pícaro que se rasca despreocupadamente, al tiempo que dirige un guiño al espectador. En segundo término, se divisa un atrio, donde unos pobres son alimentados sentados alrededor de mesas bien servidas.

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El regreso del hijo pródigo (copia a mano del original). Murillo. Óleo sobre lienzo. 236×262 cm. The National Gallery of Art. Washington. Hacia 1668. Óleo sobre lienzo. 236 x 262 cm. Washington, National Gallery of Art. Procedencia: Sevilla, iglesia del Hospital de la Santa Caridad.

Traduce esta pintura la obra caritativa de vestir al desnudo, episodio procedente de la parábola del Evangelio de San Lucas (15, 11-24) que narra el arrepentimiento del hijo pródigo y su regreso al hogar después de haber dilapidado su herencia.

La composición está situada en un fondo arquitectónico de solemne estructura, que alude a la lujosa mansión del padre, y se centra en el abrazo paterno-filial, adornado por un pequeño perro que salta de alegría. En un acto de generoso perdón, el anciano, al verlo harapiento y maltrecho, ordena que le atiendan. A la derecha, sus hermanos y sirvientes le traen ricos ropajes y un anillo, mientras que a la izquierda llevan a sacrificar un becerro para organizar un banquete.

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Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682): La liberación de San Pedro (copia a mano del original). Hacia 1667. Óleo sobre lienzo. 238 x 260 cm. San Petersburgo, Museo Estatal del Hermitage. Procedencia: Sevilla, iglesia del Hospital de la Santa Caridad.

Alegoriza esta pintura la obra de misericordia de redimir al cautivo. Este episodio aconteció en Roma, cuando el apóstol se encontraba preso en las cárceles Mamertinas y fue puesto en libertad por un ángel, que rompió los barrotes de la celda y las cadenas que lo sujetaban. La composición está resuelta con recursos lumínicos tenebristas, dada la penumbra que reina en la cárcel y las fuertes contraposiciones psicológicas En medio de la oscuridad ambiental, resplandece el ángel de pie, con actitud dinámica, enérgica y decidida, cuyos intensos fulgores se reflejan sobre un atónito san Pedro y le insuflan la fuerza necesaria para incorporarse. Al fondo aparecen los guardianes dormidos, diluidos en la sombra.

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Bartolomé Esteban Murillo – Curación del paralítico en la piscina de Bezata- Año 1670. Óleo sobre lienzo, 237 x 261 cm Londres, National Gallery

Recoge un pasaje del Evangelio de San Juan (Cap. 5, 2) donde narra el momento en que durante la segunda estancia de Jesús en Jerusalén cura a un paralítico que no podía sumergirse en la piscina de Bezata. Las figuras principales se sitúan en la zona izquierda de la composición. Jesús aparece en el centro, dirigiendo su brazo al paralítico que aparece en el suelo, en una postura claramente escorzada. San Pedro, san Juan y otro apóstol no identificado acompañan a Cristo y dirigen su atenta mirada hacia el enfermo al que su maestro cura. Otros personajes dispuestos alrededor de la piscina completan la escena, apreciándose en primer plano un perro. En el cielo nuboso que cierra el conjunto podemos observar un ligero rompimiento de Gloria con un ángel rodeado de una aureola de luz dorada. Según el evangelio, ese ángel “descendía de tiempo en tiempo a la piscina; se agitaba el agua, y el primero que descendía después de agitarse el agua, era curado de cualquier enfermedad que tuviese”. Una vez más, el maestro sevillano recoge a la perfección los gestos y actitudes de los personajes, dotando de naturalismo y espiritualidad al episodio. Murillo presenta la escena ante una admirable construcción arquitectónica de inspiración clásica, recogiendo la idea de la piscina con cinco pórticos a la que hace referencia el texto bíblico. La sensación de perspectiva que se consigue con esta arquitectura queda reforzada al emplear planos alternos de luz y sombra que también ayudan a crear un formidable efecto atmosférico, como había hecho Velázquez en Las Meninas.

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Fréderick Cayley Robinson y el Simbolismo Británico de principios del Siglo XX

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“El aspecto de las pinturas de Cayley Robinson, tan distintivo, tan claro, resulta ser mucho más que una síntesis del arte del pasado, es precisamente lo que permite que la subversión se esconda a simple vista”

Con la exposición “Actos de la Misericordia” de la Galería Nacional creada en colaboración con Tate Britain en 2010, se ha hecho visible la obra de uno de los pintores e ilustradores más interesantes y desconocidos del Simbolismo británico de principios del siglo XX. Aun así, puede decirse que Frederick Cayley Robinson sigue siendo una figura relativamente oscura al día de hoy. Su obra no ha sido objeto de una monografía, ni ha habido ninguna exposición retrospectiva importante de sus pinturas desde 1977; De hecho, durante su vida sólo se le concedieron tres exposiciones.

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Frederick Cayley Robinson (Brentford, 18 de agosto de 1862 – Londres, 4 de enero de 1927)

Nacido en Brentford-on-Thames, hijo de un corredor de bolsa, Robinson comenzó su formación artística en la St John’s Wood Academy y entró en la Royal Academy Schools en 1885. Después de un tiempo navegando por la costa inglesa, continuó sus estudios durante tres años en la Escuela de Arte de St. John’s Wood entre 1883 y 1885, y posteriormente en las Escuelas de la Real Academia. Completó sus estudios en la Académie Julian de París entre 1891 y 1894. Allí entró en contacto con la obra de Pierre Puvis de Chavannes y los pintores Nabis, que tendrían una fuerte influencia en su estilo, Aunque también se inspiró mucho en la obra de Sir Edward Burne-Jones y los pintores del Renacimiento temprano en Italia. Aunque su primer trabajo fue naturalista, la influencia –fundamentalmente- de Puvis de Chavannes y Burne-Jones hizo que su obra se enmarcara en el simbolismo.

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The Two Sisters, 1908 (pencil & chalk on paper)

Ya en 1896, el crítico Alfred Lys Baldry señaló del joven Cayley Robinson que: “Ya se ha establecido como un artista que ocupa un lugar por sí mismo, y es notorio porque llena ese lugar con una verdadera distinción. Si continúa como ha comenzado, no puede dejar de marcar su marca en el registro artístico de nuestros tiempos”. Gran parte de la primera parte de la carrera de Cayley Robinson se realizó en el extranjero. Vivió varios años en Florencia, donde estudió el arte de Giotto, Mantegna y Miguel Ángel, y comenzó a practicar la pintura a tempera. Después de un período de cuatro años en París, se estableció en Cornwall en 1906. Comenzó a exhibir sus acuarelas en 1911 en la Royal Watercolor Society y continuó enviando dos o tres trabajos a cada una de las exposiciones anuales de la Sociedad hasta 1926. Gran parte del trabajo de Cayley Robinson se caracteriza por un sentido de la meditación, de la quietud y la calma. De hecho, como observó James Greig en una apreciación del trabajo de acuarela de Cayley Robinson, publicado poco después de la muerte del artista, «ni el medio ni el método cuentan en gran medida para atraer la obra de Cayley Robinson. Su influencia se ejerce principalmente a través de la emoción espiritual transmitida en el movimiento rítmico y tonos tiernos de belleza seductora. El ritmo siempre se controla dentro de un diseño bien pensado, Pero es lo elusivo del motivo interior de sus cuadros lo que les da su encanto indefinible>>.

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Cartel anunciador de “The blue Bird” de Maurice Maeterlinck en el Teatro de Haymarket en 1909, por Cayley Robinson.

Cayley Robinson exhibió regularmente en la Royal Watercolor Society, la sociedad real de artistas británicos y el instituto de Glasgow de las bellas artes. Simultáneamente a su trabajo pictórico comenzó a recibir encargos para los diseños de vestuario, atrezos y tramoyas de producciones teatrales, el más notable posiblemente el encargo del diseño de la puesta en escena del pájaro azul de Maurice Maeterlinck en el teatro de Haymarket en 1909; Un trabajo que sirvió para consolidar su reputación como lo que un estudioso reciente ha descrito como “un pintor sensible de la vista del niño”. El artista también proporcionó los dibujos de una edición ilustrada de The Blue Bird, publicada en 1911, los dibujos fueron exhibidos en las Leicester Galleries de Londres el mismo año, que dio paso a una producción muy generosa como ilustrador.

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Cover. — F. Cayley Robinson Illustrations: THE BLUE BIRD by Maurice Maeterlinck.

Nota: Ver en este documento Cayley Robinson (Ilustrador)

Aparte de sus cuadros de caballete, Cayley Robinson fue considerado como un pintor mural. Tal vez sus mejores obras en este campo son una serie de cuatro enormes pinturas al óleo sobre lienzo conocido colectivamente como “Los Hechos (Actos) de la Misericordia”, pintado para el hall de entrada del Hospital Middlesex en Londres. Comisionado por el artista en 1910 y pintado entre 1915 y 1920, las pinturas permanecieron in situ hasta que el Hospital fue demolido en 2008, y fueron adquiridas al año siguiente por la Wellcome Library de Londres. En 1914 Cayley Robinson también ganó una comisión para pintar un mural de La venida de San Patricio a Irlanda para la galería de arte de Dublín. Por este tiempo se había establecido en Londres, establecido en un Centro (Residencia) de estudios en Lansdowne Road, que también albergó a los artistas Charles Ricketts y Charles Shannon, Glyn Philpot y James Pryde. Vivió allí desde 1914 hasta su muerte, Aunque él pasaba tres meses cada año hasta 1924 en Glasgow, como profesor de composición,  figura y  dibujo en la escuela de Glasgow de arte. Elegido miembro de la Royal Watercolor Society en 1919 y Asociado de la Real Academia en 1921, también fue miembro del New English Art Club.

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The Old Nurse, 1926, de Frederick Cayley RobinsonFrederick Cayley Robinson: Actos de Mercy Sunley Room, Galería Nacional, Londres.

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Cayley Robinson Muralista

La obra maestra de Frederick Cayley Robinson, “Actos de la Misericordia” (1916-20), comprende cuatro obras alegóricas a gran escala, que exploran de manera memorable las fuerzas positivas del espíritu humano ante la destrucción. Las cuatro obras fueron encargadas para adornar el nuevo Hospital de Middlesex, reconstruido entre 1928 y 1935. Combinando la modernidad con la tradición con un efecto notable, el artista emula la integridad espiritual Y los métodos de los antiguos maestros que encontró en la Galería Nacional.

Los Hechos de la Misericordia se consideran como uno de los trabajos murales decorativos más importantes de la primera parte del siglo XX, sobre todo, entre las obras más singulares del arte británico moderno. Su mensaje subyacente pone en valor el altruismo humano expresado a través de la curación médica y el cuidado de los niños huérfanos.

Estas cuatro obras pueden estructurarse en dos pares. Los dos pares se titulan “El Doctor” (1916, 1920) y “Huérfanos” (ambos 1915). En el primero, un panel representa los efectos traumáticos del conflicto en los inválidos de la Primera Guerra Mundial. Soldados heridos y marineros se reúnen en silencio a la entrada de un hospital. En la pieza de acompañamiento, un médico es agradecido por una madre arrodillada – repitiendo imágenes tradicionales de la adoración o crucifixión – y la hija que ha tratado.

Los paneles titulados “Huérfanos” representan el refectorio de un orfanato, bajo el patrocinio del hospital. En un cuadro, las niñas se sientan en una mesa que recuerda a la “Última Cena” de Leonardo, mientras que su quietud y sus constantes miradas recuerdan la pintura holandesa del siglo XVII.

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Frederick Cayley, -Actos de la Misericordia-: El Doctor I, 1916; Óleo sobre lienzo, 200 x 340 cm. Galería Nacional, Londres.

La pintura muestra a hombres que asisten al hospital. Incluyen a soldados que habían regresado de la Primera Guerra Mundial y se les impidió trabajar por heridas de guerra o trauma psicológico. A la izquierda es por la mañana y una enfermera dobla la hora del día (como en las casas religiosas) mientras que en la derecha cae la noche derecha cae en una terraza de casas de Fitzrovia (Barrio del centro de Londres cerca del West End). La estatua ecuestre representa el servicio del hospital al estado (una posible interpretación).

¿Cómo leer el tono de estas pinturas, hechas entre 1915 y 1920? Aquí los heridos de la Primera Guerra Mundial están dispuestos en los escalones de sus “azules convalecientes” – vestidos de regulación aborrecibles – como figuras en un fresco renacentista, excepto que están en blanco y despreocupados.

¿Qué sienten, qué piensan? Todas las respuestas están frustradas. ¿Por qué hay una estatua ecuestre grandiosa a la derecha? ¿Quién es la figura demacrada en el vestido de noche? No cabe duda de que Cayley Robinson ha estado viendo el Bautismo de Cristo de Piero della Francesca -que la Galería Nacional ha introducido en los procedimientos como si fuera una prueba-, pero esa obra maestra silenciosa no ofrece pistas para que nadie intente entrar en el pensamiento del artista. Más comentarios sobre las obras, pueden leerse en la Wellcome Library Collection.


Detalles

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Detalle 1.

En el extraño equilibrio de esta pintura, tanto peso se da a un paciente como a sus zapatillas de alfombra, y cada hombre es un prototipo. Es una representación, puesta en escena, distanciada, casi ajena en su claridad ascética: una actuación vacía de la vida real.

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Detalle 2.

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Detalle 3

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Detalle 4.

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Detalle 5.

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Detalle 6.

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Frederick Cayley, -Actos de la Misericordia-: El Doctor II, 1916; Óleo sobre lienzo, 200 x 340 cm. Galería Nacional, Londres.

La pintura muestra a representantes de la población civil en un patio fuera del hospital. Incluyen a una madre que cuida a un bebé, niños, y gente madura incluyendo a un hombre con porte de erudito que lleva una capa marrón, izquierda. La arquitectura tradicional ofrece a un anciano una repisa donde sentarse en una actitud de serena observación. A la derecha una mujer pide ayuda para su hija joven de un médico en la entrada al hospital. En el centro un árbol muerto con una serpiente en sus ramas lleva un mensaje pesimista para los seres humanos como los descendientes de Adán y Eva: “Polvo eres y en polvo te convertirás”. A la izquierda, un cometa pasa a través del cielo sobre la terraza de casas de Fitzrovia (la terraza que continúa de la pintura anterior en el par).

Se ha sugerido que el médico es un autorretrato, aunque no puede asegurarse.  Levanta la mano en bendición sobre un niño vendado y su madre arrodillada, como si estuviera elevada a mesías secular. ¿Es esto sardónico o sincero, esta visión de un mundo en el que la religión ha sido usurpada por la medicina? El significado sigue siendo elusivo.


Detalles

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Detalle 1. (Cometa y pájaros)

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Detalle 3.

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Detalle 4.

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Detalle 5.

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Detalle 6.

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Actos de la Misericordia: Huérfanos I, 1915 por Frederick Cayley Robinson; Óleo sobre lienzo, 200 x 340 cm. Galería Nacional, Londres.

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Actos de la Misericordia: Huérfanos II, 1915 por Frederick Cayley Robinson; Óleo sobre lienzo, 200 x 340 cm. Galería Nacional, Londres.

Dos paneles divididos muestran una procesión de huérfanos, todos de ojos tristes e idénticos vestidos con uniformes azules y blancos, serpenteando por el refectorio del orfanato para recibir idénticos cuencos de leche. Podrían ser pequeñas monjas – o pequeñas enfermeras – en sus delantales almidonados. Tranquilo, limpio, ordenado, sereno: la visión ideal, las condiciones ideales, para un hospital.

Pero uno de los huérfanos rompe el marco, volviéndose para mirar directamente al espectador. Ella es toda la tristeza pensativa. Enfermeras en el Middlesex, agotadas y asustadas por el espectáculo de la muerte en las salas. Otro huérfano inclina la cabeza, desconsolada; Los que salen en la escalera (¿Influencia de Edward Cole Burne-Jones? Ver detalles) pueden descender a una tumba, así que sepulcral es la habitación con sus paredes masivas. El panel de la izquierda recuerda la Última Cena de Leonardo en su composición: el panel de la derecha está lleno, por así decirlo, de vacío – pared en blanco, mesa desnuda, suelo vacío. La calidad de la misericordia parece extremadamente tensa.


Detalles (Huérfanos I)

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Detalle 1. Huérfanos I.

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Edward Burne-Jones (1833–1898), La escalera de oro, 1880. Óleo sobre lienzo. Tate Britain. Detalle Huérfanos I.
Detalle 2, Huérfanos I. ¿Influencia de Edward Burne-Jones?
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Detalle 3. Huérfanos I.

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Detalle 4. Huérfanos I.

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Detalle 5. Huérfanos I.

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Detalle 6. Huérfanos 1.


Detalles (Huérfanos II)

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Detalle 1, Huérfanos II.

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Detalle 2, Huérfanos II.

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Detalle 3, Huérfanos II.

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Detalle 4, Huérfanos II.

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Detalle 5, Huérfanos II.


Cayley Robinson (Pintor, Acuarelista y dibujante)

En este apartado exponemos escuetamente una selección de su obra pictórica, acuarelas y dibujos. Lamento no poder glosar más las obras que se exponen en esta publicación pues no he encontrado información suficiente sobre formatos, calidades, dimensiones y ubicaciones.


Algunos temas marineros o pertenecientes al agua.

Robinson, Frederick Cayley, 1862-1927; The Outward Bound

El límite hacia el exterior, Frederick Cayley Robinson (1862-1927); Leeds Art Gallery.

Robinson, Frederick Cayley, 1862-1927; The Outward Bound

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Robinson, Frederick Cayley, 1862-1927; The Outward Bound

Detalle 2.

 

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The Three Brothers (Los tres hermanos), (c.1897); Óleo sobre lienzo. Colección Privada.

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Detalle

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“Transporte en común”. Frederick Cayley Robinson; Óleo sobre lienzo.

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La llamada del Mar. Alrededor de 1900. Frederick Cayley Robinson; Óleo sobre lienzo.

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Evening Idyll by Frederick Cayley Robinson (1862-1927), England, c1910

Robinson, Frederick Cayley, 1862-1927; 'And straightway they forsook their nets and followed Him'

“Y luego dejaron sus redes y le siguieron”, Frederick Cayley Robinson

Robinson, Frederick Cayley, 1862-1927; The Landing of Saint Patrick in Ireland

El aterrizaje de San Patricio en Irlanda, Frederick Cayley Robinson (1862-1927). Tullie House Museo y Galería de Arte.

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Frederick Cayley Robinson To Pastures New, or Dawn (1904) Watercolor, graphite, and bodycolor on board. 28 by 35 1:2 in.

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Detalle

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Pastoral, 1923-24 por Frederick Cayley: Actos de la Sala Mercy Sunley, Galería Nacional, Londres. Óleo sobre lienzo. 903 x 1164 mm.

Tres figuras se paran en el borde de un lago con un rebaño de ovejas. Ellos representan claramente tres generaciones, como lo hacen también las ovejas. Pero el niño te mira fijamente como si no estuviera en una alegoría, el sol moribundo está echando una mirada de neón sobre el agua tan fuerte que rompe el silencio y una de las ovejas está a punto de golpear su nariz en la superficie del lago. A lo lejos, un molino de viento aparece como si este ciclo de la vida se llevara a cabo en algún lugar de los Países Bajos.


Serie: “Los Cuatro Vientos”.

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Viento del Norte

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Viento del Este

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Viento del Oeste

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Viento del Sur.


Vida Doméstica e Interiores

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La captura

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El aspecto de las pinturas de Cayley Robinson, tan distintivo, tan claro, resulta ser mucho más que una síntesis del arte del pasado, es precisamente lo que permite que la subversión se esconda a simple vista”

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Lo que resta de día

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The Long Journey

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Childhood

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Evening in London

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The Foster Mother

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The Word

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Mother and Child

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A Winter Evening

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A Winter’s Evening

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The Foundling

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In The Depth Of Winter

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Loud Blows the Winter Wind

Robinson, Frederick Cayley, 1862-1927; Two Girls by a Table Look out on a Starry Night

Dos niñas en una noche estrellada.

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Childhood

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Evening in London. Charcoal.

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Interior, Evening

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Study for Twilight

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Childhood (Study)


Serie: La despedida

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The Farewell 2-1 (Sketch)

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The Farewell 2-2 (Detalle)


Naturaleza y Otras

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In a Wood So Green

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The Forest

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The Oak Addresses the Spirits of the Trees

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El Picnic, Alrededor de 1900.

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Dos hermanas.

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Reminiscence

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El Puente


Cayley Robinson (Ilustrador)

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Industrias británicas – algodón. 1923. Ilustración realizada para la portada de la revista de Industrias Británicas promovida por el Ministerio de Industria Británico.

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Industrias británicas – algodón. 1923. Ilustración realizada para la portada de la revista de Industrias Británicas promovida por el Ministerio de Industria Británico.

En esta presentación nos centraremos en las tres obras literarias más destacadas que ilustró: El libro del Génesis, The blue bird (El pájaro azul) y Santos y otras historias.


El Libro del Génesis

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Captura

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Juventud, colección privada, Fecha 1923.

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A Young Shepherdess Playing a Pipe Seated below a Tree

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The Little Child Found

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La guardia nocturna

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Time Opens the Gates of Dawn, 1911


The Blue Bird (El Pájaro Azul)

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The Blue Bird -Portada-

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The Blue Bird Dreamships, El sueño de las aves azules, 1900.

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“Tyltyl gira el diamante”, ilustración de Frederick Cayley Robinson del pájaro azul, por Mauricio Maeterlinck (48.o ed .: 1923).

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El pájaro azul

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The Blue Bird – Children By The Fire

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Transformation of the Palace of Luxury.

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El reino del futuro. El pájaro azul.

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The Blue Bird – The Children Enter The Palace Of Luxury


Santos y Otras Historias

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St. Helena

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St. Helena

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St. George.

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St. George.

Alberto Giacometti: una mirada

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Alberto Giacometti Paris 1958 Photo: Robert Doisneau

Alberto Giacometti (Stampa, Suiza, 1901-Chur, id., 1966) Escultor y pintor suizo. Nació en un ambiente artístico, ya que su padre, Giovanni, era un pintor impresionista. Se inició en el dibujo y la plástica en la Escuela de Artes y Oficios de Ginebra, antes de trasladarse a París para seguir los cursos de escultura de E. A. Bourdelle en la Academia de Grand Chaumière.

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En la capital francesa entró en contacto con el ambiente cubista, y más tarde con el grupo surrealista, del que formó parte de 1930 a 1935. En las obras de este período, muy personales, se reconoce la idea surrealista del simbolismo de los objetos.

El abandono del surrealismo y la vuelta al arte figurativo constituyen el preludio de la llegada de Giacometti a su estilo más singular y característico, el que desarrolló a partir de comienzos de la década de 1940. Aparecen entonces sus figuras humanas alargadas y de apariencia nerviosa, muy delgadas y de superficie áspera, a menudo de tamaño natural, que pueden estar representadas solas o en grupo.

Son estas obras las que han hecho de Giacometti uno de los artistas más originales del siglo XX, también en pintura, donde sus obras se caracterizan por figuras rígidas y frontales, simbólicamente aisladas en el espacio. En estas creaciones que representan la soledad y el aislamiento del hombre se ha querido ver un trasunto de la filosofía existencialista, y de hecho Jean-Paul Sartre, el máximo representante de la tendencia, reconoció en la obra de Giacometti algunas de sus ideas y escribió sobre ella.

“Si la mirada –es decir, la vida– se convierte en lo esencial, no hay duda de que lo esencial es la cabeza […] La única cosa que quedaba con vida era la mirada. El resto, la cabeza que se transformaba en cráneo, se convertía más o menos en el equivalente al cráneo de un muerto. […] Lo que lo hace vivo es su mirada, eso era lo que quería esculpir».

Lo que confiere vida a la representación es la mirada. No obstante, una amenaza se cierne sobre esa sensación fugitiva de la mirada que en un retrato es el elemento más difícil de captar. La Cabeza cráneo (fig. 4) creada en 1933, un año después de la muerte de su padre, recuerda la importancia que para los surrealistas tenía el funesto tema de la enucleación (extirpación de un órgano, glándula, quiste, etc., extrayéndolo de donde está alojado), tratado de forma sorprendente por Dalí y Buñuel en 1929, en Un perro andaluz. Este cráneo geometrizado que presenta una única órbita, vacía y perfectamente circular en medio de ángulos acerados, es efectivamente una evocación de la muerte: «…la única cosa que quedaba con vida era la mirada. El resto, la cabeza que se transformaba en cráneo, se convertía más o menos en el equivalente al cráneo de un muerto. Texto tomado del Dossier de Prensa editado con motivo de la exposición “Giacometti el hombre que mira” Fundación Canal en  Madrid 2015.

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Semejanza y proporciones. Mural trasladado a lienzo.

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La familia y los amigos del artista fueron sus modelos preferidos, en particular su hermano Diego, al que reprodujo en numerosas esculturas, pinturas y dibujos.

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– ¿Esculpe usted por los ojos? – Por los ojos. Únicamente por los ojos. Tengo la impresión de que si consiguiera copiar un ojo, aunque solo fuera un poquito, tendría la cabeza completa. Sí, sin ninguna duda. Lo único es que eso parece completamente imposible. ¿Por qué? ¡No tengo ni idea! – ¿Podría decirse, Giacometti, sin exagerar, que sus esculturas de cabezas tienen como único objetivo sostener la mirada, intentar comprenderla y circunscribirla? – No pienso directamente en la mirada, sino en la propia forma del ojo… en la apariencia de la forma. Si captase la forma del ojo, el resultado sería algo que se parecería a la mirada. Sí, tal vez todo el arte consiste en conseguir situar la pupila… La mirada está hecha por el entorno del ojo. El ojo siempre tiene un aspecto frío y distante. Lo que determina el ojo es el contenedor. Pero la dificultad para expresar realmente ese “detalle” es la misma que hay para traducir, para comprender el conjunto. Si yo lo miro a usted de frente, me olvido del perfil. Si miro el perfil, me olvido de la cara. Todo se vuelve discontinuo. El hecho está ahí. Nunca consigo captar el conjunto. ¡Demasiadas etapas! ¡Demasiados niveles! El ser humano se vuelve complejo. Y, en ese sentido, ya no consigo aprehenderlo. El misterio se espesa sin cesar desde el primer día… Fragmento de entrevista con André Parinaud, 1962.

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Cabeza que mira. 1929. Yeso recubierto Con Un agente de desmoldeo, Los Rastros de lápiz, 40 x 36,4 x 6,5 cm. Fundación Alberto y Annette Giacometti, París. © Alberto Giacometti Raíces (Fondation Giacometti, París + ADAGP, Paris)

En ese momento  de vanguardia la escultura intenta librarse de su condición de estatua. Giacometti comienza entonces a mirar en su interior, lo que le lleva a influirse por el arte primitivo, muy vigente en todos los movimientos de vanguardia, y por la escultura antigua de Egipto, Summer y la civilización de las Cícladas. Realiza en este momento una parte de su obra que podemos denominar como objetos surrealistas como la Cabeza de 1927 (1) que sólo posee dos leves incisiones una vertical y otra horizontal para formar en nuestra mente la idea de un rostro, recuerda además de al arte tribal africano a la obra de un genio como Brancusi.

El aspecto escultórico de Giacometti lo abordaremos si es posible en otra nueva entrada.

Quiero cerrar este breve apunte con una obra pictórica, como dejando una pincelada de la innumerable actividad creadora de este extraordinario artista: Annette en el estudio 1961.

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Annette en el estudio, 1961. Óleo sobre lienzo 136x97cm. Museo Kunsthalle, Hamburgo, Alemania.

Annette no sólo fue la esposa de Alberto Giacometti, también fue su modelo para innumerables pinturas y esculturas. Esta obra no es un retrato al uso, sino más bien un dibujo pintado, monocromático salvo por una cálida zona de ocre en la pared del fondo.

Giacometti pintó a su esposa sentada, distorsionando drásticamente la perspectiva tradicional; Las piernas y los pies de Annette están muy cerca y el espectador retrocede en su mirada en profundidad hacia sus manos y su torso, y finalmente a su cabeza. La distancia entre las rodillas y la cabeza se muestra exagerada, ya que esta última parece flotar sobre los hombros.